Tiempo estimado de lectura: 5 min
26 Feb 2026 1 respuestas 24

De la Repartición de Nutrientes a la Termodinámica Cuántica

Hemos estudiado juntos la vía de la leptina – melanocortinas. El metabolismo no comienza ni siquiera en el cerebro, sino en el ojo. Si nos ponemos estrictos comienza en el Sol. Maravillosamente diseñada, la vida humana tiene su origen en la radiación solar. No solo supone el comienzo de su existencia, sino también el medio de intercambio de energía e información, gobernando absolutamente todo lo que sucede en tu cuerpo, tus emociones y tu mente. Dejando a un lado los dos últimos centros y enfocándonos en el centro instintivo o mundo celular, el siguiente paso debe dirigirse hacia la mitocondria. La vía leptina – melanocortinas continúa en el nivel de un cosmos inferior, el mundo de las partículas. Acompáñanos en este viaje a lo insondable.

El estudio del metabolismo humano ha estado dominado durante décadas por una visión mecanicista y bioquímica que ha simplificado en exceso la verdadera naturaleza de los orgánulos celulares. La comprensión tradicional del eje de la leptina-melanocortinas proporciona un marco excepcionalmente práctico para explicar la homeostasis energética a nivel sistémico. A través de esta vía endocrina central, el organismo rige el metabolismo basal, el apetito y la repartición macroscópica de los nutrientes hacia los distintos tejidos periféricos. Sin embargo, el muy ciertamente simple paradigma endocrino y bioquímico encuentra su límite explicativo en el destino final de estos sustratos. Una vez que los nutrientes son repartidos y entregados al citosol celular, su procesamiento terminal ocurre en la mitocondria.

Es en este preciso punto de inflexión donde la biología convencional, una «biología de guardería», fracasa estrepitosamente. Reducir las mitocondrias a simples “centrales eléctricas” encargadas exclusivamente de la síntesis de trifosfato de adenosina (ATP) a través de la fosforilación oxidativa (OXPHOS) es un insulto a la asombrosa complejidad de la biofísica subcelular. Esta visión infantil, la máxima a la que llega el conocimiento impartido en universidades de postín, conduce al fallo crítico en la comprensión de la salud humana. Uno de los más inmerecidos premios Nobel se otorgó a Peter Mitchell en 1978, el año en que nací, precisamente por esta visión incompleta y por tanto falsa de la biología. El caos posterior se debe en gran parte a tener como ídolos a científicos vulgares. Cualquier investigador es vulgar cuando pierde de vista, intencionalmente o por incompetencia, el trabajo preciso previo de sus colegas. Mitchell no estudió a Gurwitsch, Szent-Györgyi, Ling, Popp o Becker, siguiendo un camino incorrecto. La mitocondria no es una simple fábrica o un horno de combustión; es, en su esencia más pura, el sensor supremo del entorno ambiental y el procesador cuántico definitivo de la vida. Sí, cuántico, esa palabra que duele a los ignorantes.

La verdadera función mitocondrial trasciende la producción energética. Una energía que ni siquiera es comprendida, pues se piensa que la producción de ATP es el fin supremo, en gran medida por culpa de Mitchell y su Nobel. Su papel primordial es actuar como el radar primario que evalúa y monitorea constantemente la “densidad energética” del ambiente inmediato. Esto incluye la concentración de energía electromagnética, las firmas espectrales y frecuencias de la luz, los gradientes isotópicos (como la proporción de deuterio frente a protio, dos hidrógenos distintos), los niveles de toxinas exógenas y la destrucción o preservación de estructuras nanométricas vitales como el agua interfacial y la melanina en los tejidos.

Cuando las condiciones del entorno se desvían de los parámetros físicos y termodinámicos óptimos, la mitocondria asume su rol defensivo dictando la Respuesta al Peligro Celular (CDR, por sus siglas en inglés). En este estado de asedio, la mitocondria altera su función para priorizar la supervivencia, la señalización de alerta y, si es necesario, la apoptosis celular, por encima de la mera eficiencia productiva. Para comprender cómo los nutrientes entregados por la vía de las leptina-melanocortinas son realmente utilizados, es imperativo abandonar la química clásica de bolas y palos, y sumergirse en el rigor de la biología cuántica. A la mitocondria no le interesan los carbohidratos o las grasas per se; le interesan exclusivamente las partículas subatómicas que estos proveen: protones (estrictamente protio) y electrones.

Esta nueva guía exhaustiva que estamos escribiendo para ti detalla la mecánica cuántica subyacente a la función mitocondrial, explorando el efecto túnel, la coherencia electrónica, la absorción interna de fotones ultravioleta, la arquitectura lipídica de la membrana interna, y el impacto catastrófico de la radiación electromagnética no nativa (nnEMF) sobre estos delicados estados cuánticos. Pero sobre todo, cómo la luz influye en el procesamiento de la comida y la transformación de una energía que no podemos usar, la contenida en los enlaces de la comida, en una que sí es aprovechada por nuestras células. Te adelantamos que la magia mitocondrial depende fundamentalmente del espectro rojo del Sol, pero también del Sol Interior que todos poseemos: tus células son capaces de producir la misma luz que el Sol, pero con una mayor intensidad.

La leptina señalizó, las melanocortinas ejecutaron. Los nutrientes entraron en la célula para ser procesados. Los productos finales, electrones y protones entran en la mitocondria. Comprender cómo funcionan las mitocondrias es vital para ti. Eso sí, debe ser la historia verdadera, no la que te han contado.

1 comentario en “La Era del Sol Rojo: Parte 1”

  1. Puffff…esto apunta a una nueva serie de textos sobre las mitocondrias que puede ser crucial¡¡¡¡ Qué ganas Carlos y Ricardo¡¡

    Particulamente me interesa mucho, por mí situación de estar padeciendo covid persistente camino de tres años. Después de dar muchas vueltas, leer mucha información, estoy llegando a la conclusión de que uno de los principales daños que se produce es un funcionamiento anormal de las mitocondrias y de ahí deriva gran parte del resto de padecimientos. Lo que no sé es cómo se puede llegar a solucionar eso…
    He leido que con agua bajo en deuterio, mucho sol, etc. Pero llevo tiempo implementando todo esto y no veo resultados, lo cual me genera dudas, aunque no dejo de aplicar lo que voy aprendiendo..

    Si alguien puede orientarme…

    Muchas gracias Carlos y Ricardo por vuestro trabajo¡¡¡

    Gracias por vuestro trabajo…

Deja un comentario

Contenido relacionado
Scroll al inicio