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02 Feb 2026 5 respuestas 19

Estudios Clínicos en Humanos

Es hora de un poco de evidencia en humanos. Hace unos años todo el mundo veía como una locura que el horario en el que comemos pudiera influir en la salud. La leptina era una gran desconocida hasta 2010 para el público en general. Y a partir de ahí, nadie parece haberse puesto al día. Los “expertos” se centraban en que sus pacientes o clientes pesaran la comida o, peor aún, contaran calorías. No me excluyo, yo también estuve ahí. Pero ninguno hablaba sobre el horario, salvo Nutrillermo, he de decir. Su lema siempre fue “Azúcar, harinas y horarios”. Pero él también, en cuanto tuvo acceso a la información lo modificó para ir centrando las cosas en lo que más importa. El caso es que a partir de uno de esos vídeos horrorosos que se hacen en redes sociales tratando de ridiculizar a un compañero, dos nutricionistas de poca monta, que no conviene recordar, hacían sus gracias sobre un vídeo de Nutrillermo que afirmaba que la misma comida, la misma cantidad, si se desayunaba era mucho más óptima que cenada. Como consecuencia, miré los archivos de la librería STRO, recogidos durante ya una década, para una respuesta apropiada y los junté con las investigaciones de mi gran amigo que nunca me ha fallado. La evidencia es aplastante, pero aquí voy a resumir los estudios en humanos que tienen más poder didáctico para quienes nos leen.

Y es que la “ciencia” de la nutrición, siempre entre comillas porque es literalmente una vergüenza a ojos de la Verdadera Ciencia Objetiva, ha estado dominada durante el último siglo por el estudio de la composición de la dieta. La investigación se ha centrado meticulosamente en lo que tus mitocondrias nunca reciben, es decir, macronutrientes –hidratos de carbono, proteínas y grasas– y en la calidad de los micronutrientes, estableciendo la base sobre el “qué” y el “cuánto” debemos comer. Digo que las mitocondrias nunca reciben macronutrientes para producir la energía que anima tu existencia, porque es real. Lo que ellas reciben son señales ambientales de luz/oscuridad/temperatura y electrones y protones de partes muy específicas de las moléculas que conforman la comida. Estos electrones tienen información fotónica muy precisa que es mucho más importante que la cantidad de hidratos de carbono que comes. Si no lo sabes, estudia el efecto fotoeléctrico de Albert Einstein, por el que ganó un premio Nobel.

Sin embargo, en la última década, ha emergido una frontera que redefine nuestra comprensión del metabolismo humano: la crononutrición. Sí, eso que nuestros antepasados manejaban de forma óptima y que ahora se considera más religión que ciencia cuando la Ciencia Objetiva es religión y mucho más. No te detengas mucho en esta última frase porque tal vez algún día lo expliquemos mejor. El caso es que la torpe ciencia moderna ha dado con este vocablo hace poco más de 10 años, en parte gracias al descubrimiento de la leptina en 1994. Ya sabes… crono de tiempo, poniendo énfasis en el cuándo comemos. El caso es que, como decía, en la última década se “descubrió” que la ingesta de alimentos debe estar alineada con los ritmos circadianos del cuerpo humano para una óptima función metabólica. “¡¿Quién lo iba a decir?!” – exclamó Carlos con ironía. Resulta que comer durante la fase de descanso de nuestras funciones conscientes, es decir, la noche, es metabólicamente perjudicial, mientras que comer durante la fase activa, el día y particularmente la mañana, confiere ventajas metabólicas. Como dice la literatura de “postín” en la que tanto confían los ignorantes: todo esto “ha pasado de ser una observación epidemiológica a un mecanismo fisiológico demostrado mediante ensayos clínicos controlados aleatorizados”. Los ECA que tanto gustan a los que están en la fase más triste de la curva Dunning- Kruger.

Para comprender por qué el horario de comidas impacta el destino metabólico de los nutrientes, es imperativo revisar la arquitectura del sistema circadiano. Vuelve a leer la frase, porque es importante: para comprender por qué el horario de comidas impacta en el destino metabólico de los nutrientes, es imperativo revisar la arquitectura del sistema circadiano. Palabras clave: destino metabólico de nutrientes y sistema circadiano. ¿Quién iba a decir que hay un tiempo para cada cosa bajo el Sol, no solo en el Eclesiastés, sino también en el centro instintivo o mundo celular?

El núcleo supraquiasmático (NSQ) en el hipotálamo actúa como el reloj maestro y se sincroniza fundamentalmente por la luz ambiental o el llamado ciclo luz/oscuridad. No obstante, prácticamente todas las células del cuerpo, y específicamente las de los tejidos metabólicos como el hígado, el páncreas, el tejido adiposo blanco y el músculo esquelético, poseen sus propios relojes moleculares autónomos.

La literatura científica reciente ha esclarecido que, mientras la luz sincroniza el reloj central, la ingesta de alimentos es el principal Zeitgeber (sincronizador de tiempo) para los relojes periféricos. Cuando la ingesta de alimentos ocurre en desincronía con el reloj central —por ejemplo, una cena copiosa tardía cuando el NSQ indica que es noche biológica—, se produce una desalineación circadiana interna. Los órganos periféricos se ven forzados a procesar sustratos energéticos en un momento en que su programación genética está configurada para el reposo, la reparación celular y el ayuno. Esta disonancia temporal se ha vinculado causalmente con la resistencia a la leptina, la resistencia a la insulina, el mal manejo de la glucosa, la dislipidemia postprandial prolongada y la termogénesis reducida. Casi nada para los idiotas que trataron de ridiculizar al Dr. Guillermo por explicar cómo funciona realmente el cuerpo humano. Vamos a las pruebas.

Uno de los argumentos más fuertes a favor de la ingesta matutina reside en la eficiencia del gasto energético, para pesadilla de los que siguen los argumentos del triste BioLayne. ¡Quién iba a decir que era cuestión de ambiente de luz y hormonas! La termogénesis inducida por la dieta, DIT por sus siglas en inglés, también conocida como efecto térmico de los alimentos, representa la energía gastada en la digestión, absorción y almacenamiento de nutrientes. Es decir, gente como BioLayne y sus dramáticos seguidores enfocan sus nefastas enseñanzas en la cantidad de lo que comes vs la cantidad de lo que gastas. Y es cierto, lo que pasa que deberían añadir algo: la cantidad de lo que comes, vs la cantidad de la energía que gastas por comer lo que comes, vs lo que gastas simplemente por existir, moverte y entrenar. ¿Por qué deberías huir de estas personas? Por su falta de conocimiento sobre que cuándo comer importa más que qué comer. Para que comprendas un poco mejor, te explico qué es la DIT:

La DIT es como un “impuesto de procesamiento” o una “comisión” que tu cuerpo paga cada vez que comes:

  1. No todo lo que comes se queda: Cuando ingieres alimentos, tu cuerpo tiene que encender su maquinaria interna para masticar, digerir la comida en el estómago, absorber los nutrientes en el intestino y transportarlos a la sangre.
  2. El coste energético: Todo ese trabajo mecánico, químico y biofísico gasta energía y genera calor. Ese gasto es lo que llamamos Termogénesis Inducida por la Dieta o DIT.
  3. El “Cuándo: Lo “revolucionario” para esta gente que trata de confundirte usando palabras como “gasto calórico” o “estar en déficit calórico” es que este “impuesto” no es fijo. Por la mañana, la “comisión” es mucho más cara. Un estudio muy interesante en humanos dice que tu cuerpo gasta 2.5 veces más energía procesando el desayuno que procesando la cena. Ergo, desayunando lo mismo que cenarías, tienes más “déficit”. Al parecer, esto es demasiado difícil de entender para la “ciencia bro”.

Richter et al. (2020). La publicación que tira por tierra más de medio siglo de “ciencia bro”: “Twice as High Diet-Induced Thermogenesis After Breakfast vs Dinner”.

Este estudio, publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, es quizás la pieza de evidencia más elegante, directa y didáctica para demostrar que la misma comida tiene efectos distintos según la hora:

  • Metodología y Diseño Experimental: Los investigadores Juliane Richter y su equipo de la Universidad de Lübeck diseñaron un estudio de laboratorio cruzado y ciego de tres días de duración. La muestra consistió en 16 hombres sanos con normopeso. El diseño fue meticuloso para aislar la variable temporal.Fase 1: Desayuno de altas calorías y cena de bajas calorías.
  • Fase 2: Desayuno de bajas calorías y cena de altas calorías.
  • Control Isocalórico: Crucialmente, las comidas de “altas calorías” eran idénticas en composición y energía, independientemente de si se servían a las 09:00 h o a las 19:00 h. Lo mismo aplicaba para las comidas de bajas calorías. Esto permite una comparación directa “manzanas con manzanas”, para que nos entendamos.
  • Los hallazgos desafiaron la visión termodinámica simplista del balance energético, esa que la gente que sigue a BioLayne nunca comprenderá.
  • Magnitud de la DIT: Los resultados mostraron que la termogénesis inducida por la dieta fue 2.5 veces mayor después del desayuno en comparación con la cena. Este incremento masivo se observó independientemente del “contenido calórico”; es decir, tanto la comida hipercalórica como la hipocalórica generaron más del doble de calor cuando se consumieron por la mañana. Sé que no hace falta seguir hablando de esto para que uno comprenda la necesidad de no comer de noche, principalmente porque la leptina es la hormona que regula todo esto, accionando las melanocortinas. Pero falta mucho para dar este artículo por terminado.
  • Respuesta Glucémica e Insulínica: El aumento de glucosa e insulina en sangre fue significativamente menor tras el desayuno en comparación con la cena (P < 0.001). Esto indica que el cuerpo es mucho más eficiente utilizando favorablemente la glucosa en las primeras horas del día.
  • Regulación del Apetito: El estudio reveló un dato relacionado con el comportamiento ante la comida importante, ya que un desayuno bajo en calorías aumentó significativamente el apetito, específicamente el deseo de dulces, durante el resto del día (P = 0.007).

Este estudio demuestra que el cuerpo humano no es una máquina de combustión constante, como hicieron creer a la pobre gente obesa que no consigue bajar de peso. Por la mañana, los sistemas enzimáticos y de transporte están “despiertos” y listos para oxidar nutrientes, disipando una parte significativa de la energía como calor (DIT alta). Por la noche, ante la misma carga, el cuerpo entra en modo de “ahorro”, reduciendo la termogénesis y favoreciendo, por defecto, el almacenamiento. La recomendación clínica derivada es explícita: “El desayuno extenso debe preferirse sobre las cenas grandes para prevenir la obesidad y los picos altos de glucosa”. Eso dicen los autores. Yo lo matizo: come de día y come mucho por la mañana y poco al atardecer. Si comes de noche tu metabolismo será deficiente.

Daniela Jakubowicz y su grupo, en 2013, añadieron mucha luz al asunto con su estudio de referencia sobre este apasionante tema: “High Caloric Intake at Breakfast vs. Dinner”:

  • Diseño Experimental: Se reclutó a 93 mujeres con sobrepeso/obesidad y marcadores de síndrome metabólico. Fueron asignadas aleatoriamente a dos grupos isocalóricos (1400 kcal/día) durante 12 semanas. Estos datos quieren decir que les hicieron comer poco cada día.
  • Grupo Desayuno Grande (BF): 700 kcal desayuno, 500 kcal almuerzo, 200 kcal cena.
  • Grupo Cena Grande (D): 200 kcal desayuno, 500 kcal almuerzo, 700 kcal cena.
  • Los alimentos proporcionados eran idénticos en composición, solo variaba el momento de la ingesta de la carga mayor (700 kcal).
  • La divergencia en los resultados entre los dos grupos fue dramática, a pesar de consumir la misma energía total.
  • Pérdida de Peso: El grupo BF perdió un promedio de 8.7 kg frente a solo 3.6 kg en el grupo D. Esto es más del doble de eficiencia en la pérdida de peso simplemente por cambiar la hora de la comida principal. Pero BioLayne sigue haciendo memes.
  • Circunferencia de Cintura: El grupo de desayuno grande redujo su cintura en aproximadamente 8.5 cm, comparado con 3.9 cm en el grupo de cena grande, indicando una mayor movilización de grasa visceral.
  • Triglicéridos (Dato Crítico): Los niveles medios de triglicéridos disminuyeron un 33.6% en el grupo BF, pero aumentaron un 14.6% en el grupo D. Este hallazgo es devastador para la práctica de cenar fuerte. A pesar de estar en una dieta hipocalórica (1400 kcal), las mujeres que cenaban fuerte empeoraron su perfil lipídico. Esto sugiere que la lipemia postprandial nocturna no se aclara eficientemente y contribuye a la dislipidemia. ¿Por qué? ¿Te resuena ahora todo el asunto de la leptina? Los TAG elevados producen resistencia a la leptina y, como ves, puedes hacerte resistente a esta hormona de manera crónica en tiempo récord cenando abundantemente por la noche. En este estudio, incluso con restricción dietética fuerte, se pasó de disminuir los TAG en 12 semanas en un 33.6% a aumentarlos un 14.6% comiendo EXACTAMENTE LA MISMA COMIDA EN LA MISMA CANTIDAD. De toma un huevo a dame un huevo van dos huevos, que decía mi maestro de música.
  • Saciedad y Grelina: Los niveles de grelina, la llamada hormona del hambre, se redujeron de manera mucho más efectiva en el grupo BF. Las puntuaciones de saciedad fueron significativamente superiores en quienes desayunaban fuerte, lo que sugiere un mejor control neuroendocrino del apetito.

Por supuesto, corría el año 2013 y la historia de la leptina era aún desconocida. Es por eso que los investigadores que llevaron a cabo el estudio fallaron críticamente a la hora de explicar que los efectos devastadores observados en el grupo de la cena se debieron al manejo fatal de la vía leptina-melanocortinas. Dato curioso, por si no te habías dado cuenta: la leptina señaliza y las melanocortinas ejecutan. Especialmente alfa-MSH. ¿Sabes qué significa alfa-MSH? Hormona estimuladora de melanocitos alfa. Sí, la que broncea tu piel. Resulta que además de poner melanina en tu órgano sensor de luz y temperatura, en todos los órganos, tejidos y barreras de tu cuerpo, también construye tu metabolismo, tu sistema inmune, tu sistema neurológico, tus huesos, tus músculos y tu fertilidad… además de prevenirte enfermedades autoinmunes. Sí, la hormona que se hace con luz ultravioleta… la que dicen que da cáncer. Ten cuidado a quién sigues. Cuídate de quienes hagan vídeos criticando a Nutrillermo.

Analicemos ahora brevemente un estudio paralelo confirmatorio realizado por Boers et al. en 2014, ya que reforzó los hallazgos de la Dr. Daniela y su grupo en una población similar con diabetes tipo 2 y síndrome metabólico:

  • Resultados: Confirmaron que el grupo de desayuno grande presentó una reducción significativamente mayor en la HbA1c (hemoglobina glicosilada) y la glucosa en ayunas. La HbA1c es un marcador crucial que muestra los niveles de glucosa en sangre durante 90 días. Es decir, a cuánta glucosa estuvo expuesta tu sangre en 90 días. Puedes imaginar que los diabéticos tienen este marcador por las nubes. El Sol fuerte del día, la noche oscura y no comer de noche, dejan este valor en límites extremadamente bajos a pesar de que comas muchísimos carbohidratos. ¿Que por qué lo sé? Por una analítica de sangre después de pasar con mi familia el año 2025 en la selva tropical. Porque hicimos los deberes testeando la biología humana a fondo, a través de una planificación inteligente. ¿Los resultados? HbA1c en 4.9% y alta ingesta de carbohidratos y azúcares. Fascinante tener estos niveles más bajos que muchos en dieta cetogénica. ¿Por qué? Porque los nutrientes importan menos que el Sol y que los horarios. Para más información, en mi familia seguimos una dieta baja en carbohidratos de manera crónica. Pero en la selva debíamos experimentar.
  • Mecanismo: Boers destacó que la sensibilidad a la insulina periférica sigue un ritmo circadiano, disminuyendo naturalmente hacia la tarde. Sobrecargar el sistema con “calorías” (según sus palabras, ya que STRO nunca usa la palabra “calorías”) cuando la sensibilidad es baja exacerba la hiperglucemia y la hiperinsulinemia compensatoria, lo que bloquea la lipólisis. Más leña al fuego para BioLayne y colegas.

Lo cierto es que existe un mecanismo clave a nivel molecular: el juego entre la melatonina y la insulina. Los trabajos de Marta Garaulet y Frank Scheer han elucidado la interacción crítica entre estas dos hormonas. Como ya sabes, la melatonina pineal comienza a elevarse en sangre unas horas antes del sueño habitual. Esto se conoce en la ciencia que tan poco me gusta como DMLO o dim light melatonin onset. Se ha descubierto que las células beta del páncreas, las que secretan insulina, tienen receptores de melatonina MT1 y MT2. ¿Qué significa? Que resuenan en la misma longitud de onda que la melatonina para llevar a cabo acciones en el páncreas. De esta manera, cuando la melatonina es atraída hacia su receptor por este mecanismo de luz se produce en marcha una señal inhibitoria a través del AMP cíclico y la proteína G, lo que bloquea la secreción de insulina. Mal asunto comer de noche, sin duda. La lógica evolutiva es que durante el ayuno nocturno interesa que no haya insulina que haga sensible al músculo y otros órganos consumir glucosa y provocar hipoglucemias fatales en la madrugada.

Garaulet y colegas publicaron un estudio (2017-2020) en Diabetes Care and Clinical Nutrition, en el que probaron los efectos de cenar tarde, justo cuando la melatonina está alta, frente a cenar temprano:

  • Resultados: La cena tardía (1 hora antes de dormir) coincidió con niveles de melatonina 3.5 veces más altos. Esto resultó en una secreción de insulina un 6.7% menor y una tolerancia a la glucosa un 8.3% peor (mayor área bajo la curva o AUC de glucosa) en comparación con la cena temprana. Es decir, el páncreas no pudo responder adecuadamente a la comida debido al “freno” de la melatonina, resultando en mayor glucosa en sangre que, repetido en el tiempo (cenar de noche) aumenta los niveles de hemoglobina glicosilada, de glucosa e insulina en ayunas, cortisol y mal comportamiento metabólico de los lípidos.El Factor Genético (MTNR1B): El estudio encontró que este efecto deletéreo era mucho más pronunciado en portadores del “alelo de riesgo G” (como así lo llaman, como si la vida fuera peligrosa) en el gen MTNR1B, una variante genética común asociada con la diabetes tipo 2. Para estas personas (gran parte de la población), cenar tarde es un factor de riesgo directo para el desarrollo de diabetes, ya que su páncreas es genéticamente hipersensible a la inhibición por melatonina. Como te habrás percatado, decir que eres hipersensible a la melatonina, lo llaman “riesgo”. Como si tu genética estuviera destinada a matarte. Pero tú debes leer bien lo que significa: ser hipersensible a la melatonina es bueno, pero muy malo si haces lo que nunca hicieron nuestros antepasados, esto es, destruir sus ritmos circadianos.

Sea como fuere, este es un estudio clave para que comprendas los riesgos de comer cuando no debes.

Otro estudio didáctico hasta el extremo, realizado por Gu et al. en 2021, vuelve a comparar la cena temprana frente a la cena tardía y el metabolismo de ciertas moléculas importantes:

  • Realizaron un ensayo cruzado aleatorizado en 20 voluntarios sanos. Compararon una Cena de Rutina (RD) a las 18:00 h contra una Cena Tardía (LD) a las 22:00 h. Ambas dietas eran isocalóricas. Se utilizó un trazador de lípidos oral (palmitato marcado) para seguir el destino metabólico de la grasa ingerida. El por qué la llamaron cena de rutina o RD no lo sé, pero así debería de ser.
  • Resultados: Bloqueo de la oxidación de grasas. No bueno para los seguidores del todo vale con tal de que comas y gastes tus “calorías”.
  • Los hallazgos de este estudio proporcionan el mecanismo bioquímico de por qué cenar tarde promueve la acumulación de grasa. No lo decimos nosotros, sino los investigadores.
  • Reducción de ácidos grasos libres (FFA): ¿Recuerdas que te dije que los FFA no producen resistencia a la leptina en la barrera hematoencefálica? Esta solo es producida cuando los ácidos grasos no son libres y conviven juntos de 3 en 3 en una molécula de triglicérido. La cena tardía resultó en niveles más bajos de ácidos grasos libres durante la noche. Esto indica, como así sostienen los investigadores, una inhibición de la lipólisis (la ruptura de triglicéridos almacenados).
  • Menor oxidación de grasa dietética: El estudio demostró cuantitativamente una menor oxidación de ácidos grasos de la dieta en el grupo de cena tardía. Es decir, la grasa ingerida a las 22:00 h no se “quemó” (qué poco me gusta ese término) eficientemente, quedando disponible para su almacenamiento en el tejido adiposo.
  • Intolerancia a la glucosa nocturna: La cena tardía provocó picos de glucosa postprandial más altos y un retraso en el pico de triglicéridos, prolongando la exposición de los tejidos a estos sustratos durante el sueño. Y lo que no dicen los autores pero tú ya sabes porque nos leíste, resistencia a la leptina (por el pico tardío de triglicéridos).
  • En resumen, la cena tardía causó dos de los problemas visibles en el adulto moderno: un pico de glucosa después de la ingesta un 18% más alto y redujo la oxidación de ácidos grasos de la dieta en aproximadamente un 10%.
  • Además aumentó de forma significativa los niveles de cortisol nocturno y ¡se mantuvieron más altos durante 20 horas! Esto significa que hay estrés cuando no toca. Pregúntate por qué la epidemia de estrés y si comer de noche y ver luz artificial no tiene que ver con ella di-rec-ta-men-te.

Más estudios didácticos. Nakamura et al. en 2021 decidió ir más allá y estudiar el impacto de hacer las cosas mal al día siguiente. Su estudio, publicado en Nutrients, se centró en lo que ocurre después del desayuno al día siguiente de esa mala cena, analizando los datos del estudio anterior:

  • Cociente Respiratorio (RQ): El grupo que cenó temprano (18:00 h) mostró un RQ significativamente más bajo después del desayuno del día siguiente en comparación con el grupo de cena tardía.
  • Significado metabólico: Un RQ más bajo indica que el cuerpo está utilizando una mayor proporción de grasas como combustible. Por lo tanto, cenar temprano no solo mejora la quema de grasa nocturna, sino que prepara metabólicamente al cuerpo para seguir oxidando lípidos eficientemente a la mañana siguiente, creando un círculo virtuoso metabólico cuando haces las cosas mal.

Ahondado más en la biología humana y su comportamiento frente a los horarios de las comidas, Nas et al. en 2017 hicieron un estudio comparativo muy interesante: saltarse el desayuno frente a saltarse la cena comiendo exactamente lo mismo solo que a distinta hora. ¿Qué descubrieron?

  • 17 sujetos sanos pasaron por tres condiciones isocalóricas de 24 horas en una cámara respiratoria:
  • Control: 3 comidas al día.
  • Saltar Desayuno (BSD): Ayuno matutino, almuerzo y cena.
  • Saltar Cena (DSD): Desayuno, almuerzo y ayuno vespertino.
  • Resultados: La superioridad manifiesta de saltarse la cena.
  • Respuesta Inflamatoria e Insulínica: Cuando los sujetos se saltaron el desayuno (BSD), presentaron concentraciones de glucosa (+46%) e insulina postprandial significativamente más altas después del almuerzo en comparación con el día que se saltaron la cena (DSD).
  • Inflexibilidad Metabólica: El estudio concluyó que saltarse el desayuno induce una “inflexibilidad metabólica” transitoria. El ayuno prolongado hasta el mediodía estresa el sistema, provocando una respuesta exagerada a la primera comida, siempre según los autores.
  • Oxidación de grasas (la paradoja aparente): El estudio observó una mayor oxidación de grasas en el día de saltar el desayuno (+16 g/d). Sin embargo, los autores advierten que esto no es saludable en este contexto, ya que se acompaña de un aumento en el potencial inflamatorio de las células sanguíneas periféricas y una alteración de la homeostasis de la glucosa. Sea como fuere, comer lo mismo pero a diferentes horas afecta dramáticamente al metabolismo.
  • Conclusión del Estudio: Saltar la cena (DSD) evitó estos efectos negativos, manteniendo una mejor regulación glucémica e inflamatoria, alineándose con el ritmo circadiano natural.

Publicado en Cell Metabolism, el trabajo de Elizabeth Sutton es crucial para nuestra comprensión, ya que aisló los beneficios del horario de los beneficios de la pérdida de peso. Esto quiere decir que trató de que nadie perdiera peso durante el estudio para no achacar los posibles beneficios observados a la pérdida de peso, sino a cambios importantes en el metabolismo:

  • Diseño: Hombres con prediabetes siguieron un esquema eTRF o ventana de restricción de alimentación temprana (ventana de 6 horas, terminando a las 15:00 h) o un esquema control (ventana de 12 horas). Se ajustó la ingesta para que NO perdieran peso.
  • Resultados: Incluso sin adelgazar, el grupo eTRF experimentó múltiples beneficios.
  • Mejora drástica en la sensibilidad a la insulina.
  • Reducción significativa de la presión arterial sistólica. Casi nada en un mundo con pandemia de hipertensión. Recuerda que la vía leptina-melanocortinas también ayuda con la tensión arterial.
  • Disminución del estrés oxidativo.
  • Conclusión Docente: Este estudio demuestra que “dejar de comer a media tarde” actúa como una intervención terapéutica per se. Restaura la ciclicidad de los relojes periféricos, permite una reparación vascular nocturna efectiva y descarga al páncreas, independientemente de si el paciente pierde peso o no (aunque en vida libre, usualmente lo hace). Estas son palabras de los autores, no mías.

Steven K Malin, publicó un artículo el 3 de noviembre de 2020 en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, titulado “Time is Everything, Right? Meal Impact on Circadian Related Health. El artículo enfatiza la creciente evidencia de que el momento de la ingesta de alimentos interactúa con nuestro ritmo circadiano para impactar el riesgo de enfermedades metabólicas.

La Dra. Marta Garaulet, en 2020, llevó a cabo un interesante estudio sobre una hormona clave de nuestro metabolismo, la lipasa sensible a hormonas o HSL. Primero debes conocer las funciones de esta hormona y luego te explicamos el estudio:

  • Convierte las grasas (TAG) en ácidos grasos y los libera al torrente sanguíneo. Los que no producen resistencia a la leptina en la barrera hematoencefálica.
  • Regulación del metabolismo energético: Juega un papel crucial en la movilización de grasas durante estados de ayuno, estrés y ejercicio de intensidad moderada.
  • Contribuye a la regulación del balance energético del organismo.
  • Papel en la reproducción: es esencial para la espermatogénesis. ¡Quién hubiera adivinado esta función “sorpresa”!
  • Participa en la movilización de ésteres de colesterol necesarios para la esteroidogénesis y la espermatogénesis.
  • Metabolismo del colesterol: Hidroliza ésteres de colesterol, liberando colesterol libre necesario para diversos procesos celulares.
  • Regulación circadiana: La actividad de la HSL muestra un ritmo circadiano en el tejido adiposo humano.
  • Este ritmo está influenciado por la duración del ayuno nocturno y el horario de las comidas.

Los hallazgos de un estudio que también involucró biopsias para cuantificar datos en tejido vivo:

  • La movilización de grasa en el tejido adiposo tiene un ritmo específico: La actividad de la lipasa sensible a hormonas (HSL), la principal enzima responsable de la movilización de grasa, muestra un ritmo circadiano en el tejido adiposo humano.
  • El ayuno nocturno prolongado aumenta la amplitud del ritmo de actividad de HSL: Los participantes con un ayuno nocturno mayor a 11.20 horas mostraron casi el doble de amplitud (1.91 veces) en el ritmo de actividad de HSL comparado con aquellos con un ayuno más corto. Cuando dicen ayuno nocturno prolongado significa no cenar tarde. El doble de amplitud es una barbaridad. Si aplanas la curva de la HSL comienzas la tormenta perfecta que conduce a la resistencia a la leptina y a la insulina.
  • Esta diferencia fue estadísticamente significativa (P = .013).
  • El horario de la cena también influye en la amplitud del ritmo de HSL: Los que cenaban temprano (antes de las 21:52 horas) tenían una amplitud 1.60 veces mayor en el ritmo de actividad de HSL comparado con los que cenaban tarde. Imagina si hubieran cenado a las 18:00 como sugirió Jesucristo en el Evangelio de los Esenios.
  • Los autores concluyeron que un ayuno nocturno más prolongado puede aumentar la capacidad del tejido adiposo para movilizar grasa.
  • Y que cenar más temprano también parece favorecer una mayor amplitud en el ritmo de movilización de grasa.

Ahora vuelve a leer las funciones de la lipasa sensible a hormonas y trata de darte cuenta de las funciones subóptimas de tu organismo cuando comes de noche.

Hemos llegado al final de nuestro objetivo, esperando haber cumplido con él. Es decir, nuestro deseo es que todos los que nos habéis leído en esta serie hayáis podido comprender que cuándo comer es más importante que qué comer. Nos hemos centrado en el cuándo y nunca en el qué, explicando claramente que qué comer también importa, pero menos. Al final es una cuestión de tempo. Existe un tiempo para cada cosa bajo el Sol y este debe ser respetado. Hay un tiempo de comer y un tiempo para dejar de comer. Un tiempo para estar despierto y maximizar todas tus funciones de la fase activa y un tiempo para dormir y potenciar los procesos reparadores y el mantenimiento de tu centro instintivo o mundo celular. Tu existencia no mejora cuando cuentas calorías, sino cuando comprendes los mecanismos del tiempo en tu cuerpo. Ignorar que la luz natural y su ausencia rigen la biología y cómo podemos interferir con ella con luz y comida cuando no toca no te hace más inteligente. Ser fuerte y tener abdominales visibles no te hace más saludable ni mucho menos más inteligente. Aunque físico e inteligencia puedan ir de la mano, esto supone una excepción en el mundo moderno, pues pocos aplican las leyes de la luz en el ámbito del entrenamiento.

Sin embargo, es de justicia citar el estudio más importante (a la par que intencionalmente mal realizado) y que trata de demostrar, sin éxito, lo contrario a lo que te estamos contando. Ese que usan quienes siguen defendiendo que los horarios no importan. No solo citarlo, sino que a modo de apéndice, destruirlo mediante un análisis exhaustivo. Porque es un fraude que, de todas maneras, no anula la evidencia. Un fraude perpetrado por Kellogg’s y Nestlé, como no podría ser de otra manera. Pero será en la siguiente y última entrega, a modo de colofón. Y solamente para aquellos suscritos a la Comunidad STRO. Vete preparando las palomitas. Preámbulo: las cenas fueron a las 18:31 de la tarde de media, de día, y no encontraron beneficios de pérdida de peso al desayunar más cantidad, vs. cenar más cantidad. Lógico. Cenar de día es saludable.

5 comentarios en “La era de la leptina, parte 6: Crononutrición”

  1. De aquí a unos meses muchos “influencers” empezarán a recomendar que más importante que qué comer es el cuándo comer… pasó lo mismo con la dieta cetogénica y con las gafas rojas/amarillas y el ambiente de luz!!! Gracias por ser siempre los que vuelan más altos!!! Grandeeees

  2. Hace más o menos 20 años me leí el libro de daniela jakubowicz que justo la mencionan allí : “ni una dieta más. La dieta del ritmo circadiano”. No recuerdo que ella hablara de temas de luz como tal pero si recuerdo el tema de los desayunos de rey que en mi caso en esa época eran hasta excesivos y con bastante dulce y sin embargo se revirtió mi resistencia a la insulina y los valores excelentes haciendo eso y durmiendo temprano como ella decía . Luego a los años empecé a hacer pesas y descubrí el mundo de contar macros que lo único positivo que me dejó fue aprender que necesitaba comer más proteína de la poca que comía previo a eso , pero con el tiempo más bien hasta engordé un poco porque me generaba demasiada ansiedad tener que estar contando y siempre comía de más y como ahora era a deshoras pues mucho peor . Hoy en día como igual que mi viejo libro pero ya más informada de la calidad de los alimentos y aplico todos los temas de ritmo circadiano y pues vaya, que diferencia para alguien que ha experimentado los dos mundos , el del tonto que cuenta calorías y el de que sabe que es más importante cuando comer que qué comer

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